Léeme!: Bienvenido a las Crónicas de Ávalon Esmit. Antes de nada, comentarte que ésta historia pertenece a una Saga o Conjunto de Historias cuyo eje principal son éstas Crónicas, compuesta por tres Libros: Semiya, Siembra y Revolución. Con el tiempo, los medios y los fondos necesarios iremos exponiendo otras secciones y blogs para completar todo éste Universo con Historias como La Guerra de Arturo, Relato de un Atrapado o 30 años de Oscuridad. Si decides embarcarte en la aventura, deberías empezar, evidentemente, por el principio. En la columna de la Derecha dispones, en orden cronológico, de todos los capítulos y entradas, comenzando la Novela con La Nota del Autor: Tres Frases para Explicarlo Todo. En el cuerpo principal del Blog iré subiendo los diferentes capítulos, estando siempre el último en la parte de arriba y los anteriores justo debajo. Para terminar, comentarte que tienes la versión del blog para el móvil y, sobretodo, si estás impaciente o si quieres contribuir o patrocinar a un servidor, que por ahora no puede vivir de ésto, puedes acceder a la Librería y comprar éste Libro u otros Cuentos y Relatos, o entrar en La Sastrería y hacerte un cuento a medida

jueves, 31 de marzo de 2011

La Palabra fue dada a Jonás.

Anteriormente en Semiya: Prólogo.


                  La palabra fue dada a Jonás, hijo de Amittay, pero no la entendió; porque ruido es la palabra olvidada por los siglos y garabato es la palabra tallada en las ruinas del saber.


Y yo os digo: podrán los sabios del mañana llegar a Andrómeda y Casiopea, que sin los ruidos olvidados ni las tallas de las piedras, nada alcanzarán a conquistar.
Porque la palabra le fue dada a los hombres en sus orígenes para las conquistas y victorias; que sin palabras la muerte acecha en las murallas y trepa por las grietas de nuestros silencios; que sin la palabra la miseria es el alimento de las noches aciagas y en el valle de la muerte se amontonan los susurros que no fueron y los gritos que perecieron. Que sin palabras gobiernan los reyes esqueletos y se acicalan y se peinan con nuestros mudos deseos.

La palabra desconoce el tiempo y el espacio, que le son livianos, etéreos, vagos… y en un millón de años podremos plantar mil banderas negras en mil mundos de lejanas galaxias y seguiremos estando lejos de sentirnos gigantes; pues no hay mayor viaje, no hay más grande aventura, la conquista nos será desconocida hasta que no lleguemos aquí, aquí mismo, debajo de esta piel, donde late nuestro ser.

¡Acumular riquezas! ¡Ahogaros de poder! Revolcaros por el fango del servilismo y respirar el aire del vicio. ¡Llorad por vuestras monedas! ¡Gritad por vuestras posesiones! Sed esclavos de los días y las noches y que vuestro amo os lleve con una correa a pasear y a defecar allá donde crece la materia. Seguid bebiendo el dulce néctar de la mediocridad y reuniros mil veces más en los corrales para ajustar vuestras escasas diferencias.
¡Ah, hombre! ¡Qué pequeños somos pudiendo ser gigantes! ¡YO ELIJO SER MI REY! Y no teniendo nada, seré rico. Acumularé palabras y me ahogaré con la verdad. ¡YO ELIJO MI REVOLUCIÓN! Lucharé contra lo mediano y escaparé de lo tirano. Ni mil imágenes deformadas podrán torcerme, y si me capturan, ¡nada me podrán quitar! ¡YO ELIJO MIS RIQUEZAS! Y tan profundas las tendré que nadie me podrá doblegar. ¡Qué me vais a quitar! ¡Donde me vais a encerrar! ¡Ilusos! ¡Ya escape cien veces de la isla de If, ya escalé cien veces los muros de mi convento protector y allí pervivo, regando mi jardín! He salido mil veces de la 101 y he bajado a los infiernos y he visto a Bruto. ¿Qué me haréis? No podéis hacerme nada porque esta locura la revivo y con ella denuncio vuestros crímenes! Y será mi obsesión vuestra búsqueda y no cejaré mi empeño hasta derribaros a vosotros, ¡Blanco Leviatán!

Quien tenga oídos que oiga: que sea la palabra nuestra espada imperial y que la conquista empiece por donde late el pueblo y termine ¡donde la palabra nos quiera llevar!

Ávalon Esmit




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