Léeme!: Bienvenido a las Crónicas de Ávalon Esmit. Antes de nada, comentarte que ésta historia pertenece a una Saga o Conjunto de Historias cuyo eje principal son éstas Crónicas, compuesta por tres Libros: Semiya, Siembra y Revolución. Con el tiempo, los medios y los fondos necesarios iremos exponiendo otras secciones y blogs para completar todo éste Universo con Historias como La Guerra de Arturo, Relato de un Atrapado o 30 años de Oscuridad. Si decides embarcarte en la aventura, deberías empezar, evidentemente, por el principio. En la columna de la Derecha dispones, en orden cronológico, de todos los capítulos y entradas, comenzando la Novela con La Nota del Autor: Tres Frases para Explicarlo Todo. En el cuerpo principal del Blog iré subiendo los diferentes capítulos, estando siempre el último en la parte de arriba y los anteriores justo debajo. Para terminar, comentarte que tienes la versión del blog para el móvil y, sobretodo, si estás impaciente o si quieres contribuir o patrocinar a un servidor, que por ahora no puede vivir de ésto, puedes acceder a la Librería y comprar éste Libro u otros Cuentos y Relatos, o entrar en La Sastrería y hacerte un cuento a medida

domingo, 24 de julio de 2011

Capítulo 10


 (Todos los Lunes trataré de publicar un nuevo capítulo)


- ¡Jonás, despierta! ¿Que has echo?

Eran las nueve y media de la mañana. La voz yegaba desde las lejanas tierras de la realidad. Como un eco, retumbaban en sus sueños esas palabras. <<¡Despierta>> <<¿Que has hecho?>> Jonás era zarandeado con impetu. <<¡Vamos!>> Al fin Jonás consiguio despegar los ojos. Habia dormido a penas cuatro horas. Peleando con sus parpados para que no cayeran de nuevo, se incorporo y vio a su padre.
Amittay, de pie junto a la cama, miraba seriamente a Jonás.
- ¿Que... Que pasa padre?—se desperezo Jonás.
- ¿Que has hecho?—dijo con cara de preocupacion.
-¿Que? No entiendo...—contesto Jonás.
- Acaba de yegar una notificacion urgente para que vayas a la Oficina Federal Zero a ver a un tal oficial Winston... y yo tengo que acompañarte.
-¡Winston!—recordo Jonás incorporandose de golpe y con el corazon acelerado.
- ¿Quien es? ¿Le conoces?—pregunto el padre aun mas preocupado.
- Si, bueno, ayer...—Jonás no sabia que decir a su padre—estuve hablando con el...
- ¿Y por que hablabas con el?
- Papa, no te preocupes, no ha pasado nada, fue un malentendido—intento explicar Jonás.
- ¿Que no me preocupe? ¡Acaba de solucionarse nuestro futuro y de pronto te yama un oficial de la Oficina Zero,Jonás! ¡Que no me preocupe!
- Padre, ese hombre quiere que vaya a la universidad, como tu... y seguramente me ayude a conseguirlo.
Amittay miro seriamente a su hijo. No sabia si creerle o no.
-¡Vamos! Vistete deprisa. Ya me contaras de camino—dijo el padre saliendo del dormitorio.
Jonás salto de la cama y fue corriendo a la ducha. Diez minutos despues entro en la cocina, donde estaban sus padres hablando de la notificacion. Amittay intentaba quitarle importancia ante Debora. Al entrar Jonás, los dos se cayaron. El padre se levanto.
- Vamos—dijo cogiendo su chaqueta.
Jonás fue hacia su madre y le dio un beso.
- No te preocupes, es por lo de la universidad—dijo Jonás.
Debora parecio relajarse un poco. Amittay ya estaba en la puerta. Jonás, rapidamente, abrio un biolacteo y cogio unas gayetas. El biolacteo se lo bebio de un trago incluso antes de yegar a la puerta. Amittay esperaba fuera de casa; la puerta estaba abierta y Jonás salio como un rayo. De pronto, un bulto que habia en el suelo de la caye junto a la entrada se revolvio.
- ¡Ay, buen chico, buen samaritano! Un ahora esperaria, pero mis tripas rugen como los leones del coliseo... ¡Desde tus regalos de ayer nada han podido devorar! ¡Ociosas estan mis tripas!
Amittay miro al bulto, del que salia tan solo una mano suplicante hacia Jonás. El hijo reconocio aqueya roida manta y aquel gorro de lana azul. En esos momentos Jonás estaba abriendo las gayetas. Al escuchar al mendigo, lo miro, miro luego sus gayetas y sin terminar de abrirlas se las puso en la mano al mendigo.
- ...Y otra semiya cayó en tierra fértil y creciendo dio fruto centuplicado ¡Dichosos tus ojos porque ven y tus oídos porque oyen!—dijo el viejo mendigo envolviéndose nuevamente en su manta.
- ¡Vamos, Jonás!—yamó Amittay.
Jonás fue con su padre, pero unos pasos más ayá, giró la cabeza para mirar al mendigo. Estaba devorando las gayetas.
- ¡Qué raro habla ese hombre! ¡Casi no se entiende lo que dice!
- Es un pobre viejo loco...—contestó el padre.


Mil veces quiso Jonás interrumpir el silencio preocupado de su padre y mil veces cayó. No sabía cómo explicarse, no sabía qué decirle, no sabía qué ocultar. <<Tu padre pasaría por encima de esa lámina sin mirarla siquiera>>, recordó las palabras de Winston. Y era cierto. No debía decir nada de aqueya “hoja”.
Ayí estaban, esperando de pie y mudos observando el atraque del interbloque. Cuando se abrieron las puertas, Amittay cogió a Jonás del brazo yevándole hasta los asientos del final del vagón.
- Bien, hijo—dijo Amittay mientras se yenaba el vagón lentamente—ahora cuéntamelo todo.
Jonás levantó la cabeza. Las palabras, poco a poco, le asomaban por la garganta; palabras medidas, palabras precisas, las palabras justas para confesar su trozo de verdad que fueron congeladas en sus labios indecisos por una visión desconcertante. Paseando su mirada difusa por los difusos pasajeros en la búsqueda de esas palabras, lo encontró a él.
- Habla hijo—le apremio Amittay. Jonás miro a su padre unos segundos y, al volver sus ojos a la entrada del vagón, ya no lo vio. El androide antracita y celeste ya no estaba ayí. Jonás se revolvió inquieto en su asiento.
- Hijo—la impaciencia de su padre le devolvieron a sus ojos.
- Padre—al fin comenzó—no debes preocuparte—intentó tranquilizarle. — El otro día, mientras tomaba un café, escuché una palabra que no entendí, así que la busqué en el diccionario de la PCmesa. Fue simple curiosidad—su padre le miraba extrañado. — La cosa es que debí entenderla mal porque al poco tiempo aparecieron dos policías federales...
- ¿Cómo?—se alarmó Amittay.
- Tranquilo padre, déjame terminar—Jonás puso su mano sobre el brazo de Amittay. — La cosa es que esos hombres me yevaron a la Oficina Federal Zero, debía hablar con un tal Oficial Winston. Ni siquiera los federales sabían de qué iba aqueyo. El Oficial Winston me entrevistó y vio que se trataba de una simple coincidencia. Eso es todo.
- Entonces...—A Amittay le costaba comprender la situación— ¿Por  qué nos yama hoy?
- Porque estuvimos hablando un rato y me dio a entender que tenía… ciertas facultades o algo así. Me dijo que podría ir a la universidad...—y esto último lo dijo con cierto rubor.
- Pero... No entiendo, hijo.
- Yo todavía tampoco, padre, pero cálmate, supongo que por eso Winston quiere hablar con nosotros. Querrá...—y ahora podía verlo claramente. Sí, era él. Hacia el medio del vagón, con su visor puesto y proyectando mil sombras azuladas sobre sus ojos. Luces tenues y fugaces a través de las cuales se intuían unos ojos fijos, fijos, quizás, en Jonás.
-¿Sí?—se impaciento Amittay viéndole dudar.
- Querrá hablar contigo y comentártelo, supongo—continuó Jonás sin apartar la vista del extraño. El silencio se mantuvo unos segundos. Al fin Amittay habló.
- Hijo, ¿eso es todo? ¿Seguro?—preguntó Amittay buscando la mirada de su hijo.
Jonás debía mirar a su padre, pero sabía que perdería de vista de nuevo al androide. Aguardó unos segundos. Dudó, pero giró la cabeza y mirando seriamente a su padre, contestó.
- Seguro, padre. Eso es todo—mintió Jonás. Inmediatamente después buscó con su mirada al androide. Ya no estaba ayí.

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