Léeme!: Bienvenido a las Crónicas de Ávalon Esmit. Antes de nada, comentarte que ésta historia pertenece a una Saga o Conjunto de Historias cuyo eje principal son éstas Crónicas, compuesta por tres Libros: Semiya, Siembra y Revolución. Con el tiempo, los medios y los fondos necesarios iremos exponiendo otras secciones y blogs para completar todo éste Universo con Historias como La Guerra de Arturo, Relato de un Atrapado o 30 años de Oscuridad. Si decides embarcarte en la aventura, deberías empezar, evidentemente, por el principio. En la columna de la Derecha dispones, en orden cronológico, de todos los capítulos y entradas, comenzando la Novela con La Nota del Autor: Tres Frases para Explicarlo Todo. En el cuerpo principal del Blog iré subiendo los diferentes capítulos, estando siempre el último en la parte de arriba y los anteriores justo debajo. Para terminar, comentarte que tienes la versión del blog para el móvil y, sobretodo, si estás impaciente o si quieres contribuir o patrocinar a un servidor, que por ahora no puede vivir de ésto, puedes acceder a la Librería y comprar éste Libro u otros Cuentos y Relatos, o entrar en La Sastrería y hacerte un cuento a medida

martes, 20 de septiembre de 2011

Capítulo 13



            Escucha atentamente, pues en estos días oirás palabras prohibidas. Las palabras que saldrán de mis labios jamás deberán traspasar lo tuyos. Como presos peligrosos recluidos en oscuras prisiones, las dejaremos pasear bajo la luz de la verdad, pero sólo en esta habitación y pocas horas al día. Después... regresarán a sus celdas, en nuestros mudos corazones, pues allí deben quedar. Recuérdalo, Jonás, son peligrosas, pueden provocar caos y desgracias; más de lo que puedas imaginar. Escúchalas y cállalas después, tu vida y la de muchos otros va en ello.
            Algún día, puede que algún día sean libres.



            Al principio era el ruido y el ruido era voz. Y en ese ruido, grito, mugido, gemido habitó el hombre durante siglos. Estructura núcleo, sencilla, básica que salía de gargantas vírgenes con el único fin de establecer la más elemental de las comunicaciones. Comunicación prácticamente animal. Ruido ante el peligro, ruido ante el miedo, ruido ante la victoria, ruido ante la alegría. Eso era todo y todo era eso. Y eso estaba bien. Quizás la más justa de las comunicaciones; seguro, la más sincera. Es posible que la perfección empezara su ocaso en aquella Era de la historia, pero aquella época, la de los ruidos y las piedras, pudiera también ser la más ideal de todas las épocas. Pues aquello era semiya, y semiya es esperanza.
            Mas aquél hombre o protohombre creció, estiró su espalda, levantó la cabeza y, con él, el ruido, que se estilizó y se limpió. Ese ruido evolucionó y se procreó; copuló con la Necesidad, al igual que el hombre, pues sino el silencio reinaría nuevamente en la tierra y acabaría con las conquistas del Ser Racional.
            Necesidad… necesidad de narrar hazañas, de contar anécdotas, de elaborar estrategias, de explicar fenómenos, dolores, alegrías... Necesidad por comunicarse de una forma más completa; fue la hierba que creció exuberante en aquella primera primavera.
            Pero la necesidad también engendra abrojos, pues en la necesidad no cabe la libertad, sino la cizaña, mala hierba que en aquella verde primavera creció junto a la Palabra, y con ella... la mentira.

            Puede ser grito o gemido, pero el ruido no engaña, no maneja; puede gobernar, pero no esclavizar. Con las palabras, Jonás, llegaron los oprimidos. Nadie controlaba aquella cascada, aquél río que fluía por toda la tierra haciendo Señores y esclavos.
            En aquella época, la que ahora llamamos “Era Prima o Era del Aprendizaje”, buenos hombres crearon obras buenas; grandes hombres dijeron grandes palabras; pero sobretodo, Jonás, hombres terribles hicieron cosas terribles. Los hombres se mataban por un trozo de tierra. Los hombres se mataban por las ideas de sus reyes. Los hombres se mataban por un trozo de pan. Los hombres se inventaban leyes, orígenes, ideas y las empuñaban como arma contra todo aquel que no las compartiera. Y se sucedieron luchas y conquistas de unos sobre otros, de los fuertes sobre los débiles, dejando a su paso un reguero de sangre y destrucción por lo que la Tierra aún gime de dolor.

            Sí, Jonás, fue una época terrible, pero precisamente por lo terrible que fue, por lo que los hombres de bien tuvieron que sufrir, algo consiguió florecer sobre aquel campo ensangrentado. Una vía de escape o, quizás, un intento por comprender todo ese doloroso mundo, surgió y comenzó una lenta y pacífica conquista: La Civilización. Las personas comenzaron a juntarse para profundizar más en su forma de comunicarse, se aprendió a escribir, a estudiar, a pensar y filosofar. Se observó la naturaleza y se intentó explicar con certeza. Se observó al hombre y se intentó comprender. Se observaron los corazones y se buscaron respuestas. Se inventaron herramientas, máquinas primarias, medicinas, leyes... Todo cosas buenas.
            Pero el hombre quería más. Se idealizaron las ideas, se enloquecieron las filosofías y se tiranizaron los gobiernos. El hombre fue víctima de su propio orgullo y de su impaciencia. Llegó un momento en que se creía que aquellos que poseían más conocimientos eran más inteligentes. Se llegó a creer que aquellos que tenían más conocimientos también tenían más derechos. Así que aquel mundo se dividió de una forma injusta. Los Sabios, Inteligentes y Letrados, junto a sus familias se volvieron ricos y gobernaron; y los ignorantes... simplemente fueron pobres y oprimidos.

            Pero hubo algo que cambió el rumbo de la historia. Si, Jonás, hubo un héroe, un héroe que consiguió sacar a este mundo de la oscuridad. Un héroe que llevó al pueblo oprimido a levantarse y luchar. Sí, Jonás, el Libro[1]. Porque el libro fue el alimento, la manta y el arma del pobre. El libró llevó al desgraciado a comprender el origen de su desgracia; llevó al abandonado a encontrar compañía, llevó al perdido a soñar con su hogar y llevó al pobre a descubrir quien se quedaba con su sudor.

            El libro, Jonás, consiguió, en los últimos siglos de esa Era acabar con la oscuridad. Provocó un alzamiento encarnizado de los pobres y oprimidos contra los ricos, opulentos y pedantes. Los Oprimidos supieron qué era la Libertad. Los ignorantes aprendieron qué era la Dignidad. Los pobres pudieron, al fin, poseer y compartir la Igualdad.

            Cerca de cuarenta mil años habían pasado entre los primeros ruidos hasta los primeros Libros. Hacia el final de esa Era Prima tan oscura, hubo un hombre que dijo: “La Verdad os hará Libres”. Ese hombre era pobre, muy pobre. Lo mataron. La verdad, Jonás... la verdad es que la palabra no es mala, no es peligrosa; malos y peligrosos somos los hombres, que nunca hemos sabido y nunca sabremos cómo utilizarla.


[1] Por libro entiendo todo el proceso que llevó la aparición de la Imprenta. Los pobres podían “comprar” conocimientos. Con los libros se podía enseñar a los pobres, etc. N.A.

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